lunes, 4 de enero de 2016

LA EMOCIÓN Y LA RAZÓN

LA SIMBIOSIS DE 
LA EMOCIÓN Y LA RAZÓN

El cerebro emocional garantiza nuestra supervivencia en situaciones límite porque reconoce con rapidez las situaciones de peligro y pone en marcha reacciones preorganizadas. Se ocupa de la transformación fisiológica de los procesos del cerebro racional. Sobre todo, nos facilita decisiones racionales porque nos presta una ayuda orientativa ante una maraña de posibilidades. En sentido inverso, el cerebro racional amortigua y relativiza las oleadas de emociones que nos invaden y afina y cultiva los modelos de reacción del cerebro emocional, primitivos en comparación.

Sentir y pensar son cosas, por lo tanto, que están entrelazadas. Nuestras emociones determinan en qué medida podemos poner en marcha nuestro potencial mental : para pasar bien la selectividad, además de un cociente intelectual lo más elevado posible, necesitamos también cualidades como la constancia y el optimismo. Nuestro pensamiento determina el grado de sensibilidad y profundidad con que podemos sentir. Para que una ópera de Verdi sea algo más que un tapiz de sonidos embriagadores necesitamos, además de cualidades como la sensibilidad y la imaginación, capacidades analíticas : la comprensión de la lógica y la estructura interna en el fluido de las notas, sensibiliza, diferencia y aumenta nuestra percepción emocional de la música.

LAS PASIONES QUE CAUSAN PADECIMIENTO

Considerando nuestros factores hereditarios emocionales, apenas nos diferenciamos de los antiguos romanos, de los campesinos y ganaderos del Mesolítico o de los cazadores y recolectores del Paleolítico.

No nos hagamos ilusiones : en lo que se refiere a las emociones, el ser humano todavía no se ha bajado de los árboles.


En un punto, por lo tanto, los racionalistas como Descartes y Kant tenían sin duda razón : las emociones pueden producir efectos contraproducentes sobre nuestro proceso de pensamiento.

viernes, 1 de enero de 2016

CELOS


  CELOS
 Y 
MALTRATADORES EMOCIONALES

   No confundir con celos el interés de una persona por conocer la realidad de su relación, preguntando e intentando averiguar si no obtiene respuestas, siempre desde el respeto y por su salud emocional.


LO QUE DICEN LOS CELOS

¿Qué tiene que tener otra persona para que sintamos celos de ella ? ¿Más habilidad, más atractivo, más confianza en sí misma ? ¿Más prestigio, status o dinero ? En realidad lo que produce este sentimiento es inmaterial : el hecho es que


 "LOS CELOS SE PRODUCEN CUANDO NOS SENTIMOS EN DESVENTAJA".

Para quien se siente seguro en lo más alto de los terrenos de la vida que le interesan, los celos no existen. Esta emoción enmascara la convicción de que somos desafortunados. Es la angustia, que grita : ‘Me siento amenazado, engañado, inseguro o excluido’. También puede significar : ‘Temo compartirte por miedo de que no regreses conmigo’, y hasta ‘No me agrado a mí mismo’.

Intenso y generalizado o suave y parcial, el sentimiento de los celos significa que uno se siente por debajo de lo que le resulta cómodo. EL QUE LA DESVENTAJA SEA REAL O IMAGINARIA NO IMPORTA. Los celos son siempre reales para la persona que los siente.

"LAS PERSONAS CON ALTA AUTOESTIMA SON CELOSAS MENOS A MENUDO".

Si nos sentimos celosos de nuestra pareja:

"Los celos son malos consejeros" dice el refrán. No desdeñemos su importancia ni dejemos que se nos cuelen como sentimientos normales o que hasta tienen su encanto, por cuanto trasmiten "lo mucho que le quiero". En la realidad cotidiana, los celos rompen y enturbian las relaciones, y los individuos celosos acaban minando, con su posesividad y persecución asfixiantes, el gozo y el placer del encuentro, el equilibrio en la pareja, que se basa en la ternura, la comprensión, la tolerancia y el respeto a la autonomía del otro. Si en un momento determinado nos sentimos víctimas de un ataque de celos que perjudica nuestro bienestar emocional, actuemos dedicidamente: 

Seamos conscientes de que estamos padeciendo los celos sin querernos engañar jugando a progresistas. 
Comuniquemos nuestros sentimientos a la persona cuyo comportamiento ha generado los celos, especificándole claramente las conductas que nos hacen sentirnos celosos. 
Hablémosle cuanto haga falta, aunque sin someterla a una presión excesiva (y mucho menos aún, recurriendo a amenazas o agresiones físicas), y con ánimo de pedirle que nos ayude a disipar nuestras dudas. Se trata de saber qué ocurre en realidad y de cotejarlo con nuestra percepción, que perfectamente puede ser errónea. 
Si se trata de un pensamiento irracional que estamos alimentando, debemos apoyarnos en la realidad y desterrarlo definitivamente. Nos será más fácil si contamos con la ayuda de la otra parte. Pero no olvidemos también es parte afectada, a la que debemos comprender y ayudar. 
Revisemos durante un cierto tiempo nuestra actitud ante la otra persona, para comprobar que los celos han desaparecido.
Fortalezcamos el diálogo continuo, la confianza y el contacto amoroso: son los mejores instrumentos para superar el desencuentro y los celos. 
Aceptémonos más, confiemos en nosotros mismos y trabajemos la seguridad en nosotros mismos, nuestra autoestima. 
Si sufrimos un cuadro agudo de celos o nos vemos incapaces de gestionarlos por nosotros mismos, dirijámosnos cuanto antes a una consulta psicológica. 
Y, por último, si hay motivo real para nuestros celos, planteemos con realismo la situación a nuestra pareja. Y armémonos de valor, paciencia y comprensión para superar la situación. Casi todo tiene un final, y el amor también puede tener fecha de caducidad.


ENTONCES... ¿CUÀLES SON LOS CELOS NORMALES Y CUÁLES LOS PATOLÓGICOS?

Los celos normales son la consecuencia de un tercero "real" en la pareja. 
El celoso patológico "inventa" al tercero, su mente enfermiza ve por todas partes la amenaza personificada. 
Los celos primigenios se acentúan con el nacimiento de los hermanos. Los niños no están muy dispuestos a compartir el amor de la madre o del padre con los hermanitos. 
Para ellos no son hermanos, son rivales que vienen a quitarle lo que es suyo. Es una lesión narcisística que ulteriormente se va a repetir en la aparición de los celos patológicos. 

EL ALIMENTO DE LOS CELOS

Los celos se alimentan de la inseguridad de la persona. 
Todo sujeto celoso es un inseguro de sí mismo y de la otra persona. 
Esto aparece como reminiscencia de la inseguridad del amor de los padres o de la continua amenaza de perder su amor. 
Cuando los padres utilizan la consabida frase "te has portado mal, ya no te quiero" están alimentando una terrible inseguridad injertada en el miedo a perder la protección de los seres más importantes de su vida. 
Lo aconsejable es que nunca se emplee el amor como una forma de manipulación del niño. Se le puede decir: "te portaste muy mal y eso tiene un castigo", pero nunca decirle "ya no te quiero". 
Los celos se acompañan de un fuerte y poderoso sentimiento de culpa. La culpa nace al sentir que por sus acusaciones han perdido definitivamente a su pareja o su protección. 
El celado también coopera al incremento de los celos. Al principio le es muy agradable sentir que lo quieren y ello contribuye a la idealización del amor entre la pareja. 
Es más, una pizca de celos contribuye a fortificar la idea de ser querido, pero estos sentimientos, si no son manejados maduramente, llevan a establecer una relación sado-masoquista con la pareja. 
Si Alejandro hubiera sido un sádico (persona que gusta de hacer sufrir a los demás) estimularía los celos de su esposa gozando del sufrimiento de ella y gozando lo valioso de su persona en un narcisismo enfermizo. 
En un principio el celado aumenta su autoestima al saberse querido, pero también es su perdición, porque no acierta a distinguir entre lo que es verdaderamente amor y el afán posesivo de su amado. 

¿Que los dispara?

Aunque la causa específica de los celos es todavía una interrogante, se puede señalar factores que favorecen su aparición.

Culturales
bolita.jpg (960 bytes)Valor exagerado a la monogamia.
bolita.jpg (960 bytes)Especie de devoción a la fidelidad, al amor y a la pareja.

De personalidad

bolita.jpg (960 bytes)Inseguridad.
bolita.jpg (960 bytes)Baja autoestima.
bolita.jpg (960 bytes)Percepción inadecuada de los otros como traidores o desleales.
bolita.jpg (960 bytes)Dependencia del otro miembro de la pareja. 

Ambientales (vivencias y aprendizajes que se han tenido respecto a la pareja).

bolita.jpg (960 bytes)Haber vivido en un medio donde eran frecuentes las relaciones extraparejas.
bolita.jpg (960 bytes)Los patrones de atractivo físico que se ven reforzados por los medios de comunicación y que hacen concluir a la persona que no es lo suficientemente atractiva para mantener su relación.


MALTRATADORES EMOCIONALES

NO PODEMOS IDENTIFICAR CON CELOS EL QUERER CONOCER LA REALIDAD DE UNA SITUACIÓN, SABER EXACTAMENTE SI UNA RELACIÓN ES VERDADERA O NO; PREGUNTA E INVESTIGA.

 EL CONOCIMIENTO POSIBILITA QUE PUEDAS ELEGIR SI CONTINUAR O NO CON UNA DETERMINADA SITUACIÓN. 

ES BUENO QUERER CONOCER LA VERDAD, PUES:
Actualmente la ambigüedad de algunas personas en sus relaciones arrastradas por el interés, la vanidad, su inseguridad o su forma habitual de vida con relaciones múltiples simultáneas, están dando lugar a los maltratadores emocionales, seres que juegan con los sentimientos ajenos impunemente.

lunes, 14 de diciembre de 2015

EL BUEN HUMOR Y LA FELICIDAD




“LA PERSONA QUE HACE TODO LO POSIBLE PARA QUE LA FELICIDAD DEPENDA DE SÍ MISMA Y NO DE LOS DEMÁS, HA ADOPTADO EL MEJOR PLAN QUE EXISTE PARA VIVIR FELIZ”.

Platón




- EL BUEN HUMOR
El buen humor, mientras dura, favorece la capacidad de pensar con flexibilidad y con mayor complejidad, haciendo que resulte más fácil encontrar soluciones a los problemas, ya sean intelectuales o interpersonales. Esto sugiere que una forma de ayudar a alguien a analizar un problema es contarle un chiste. La risa, en tanto euforia, parece ayudar a las personas a pensar con mayor amplitud y a asociar más libremente, notando las relaciones que de otro modo podrían habérseles escapado: una habilidad mental importante no sólo para la creatividad, sino para reconocer relaciones complejas y para prever las consecuencias de una decisión determinada.
Los beneficios intelectuales de una buena carcajada son más sorprendentes cuando se trata de resolver un problema que requiere una solución creativa.
-  EL ÁNIMO SE RECUPERA
"La felicidad humana no es producto de los grandes acontecimientos de la vida, sino de las pequeñas vivencias cotidianas", escribió Benjamin Franklin en su autobiografía. Casi dos siglos después de que muriera este sagaz político y científico, los expertos le siguen dando la razón. Según los sociólogos David Myers y Ed Diener, las desgracias y los golpes de fortuna tan sólo ejercen una influencia pasajera sobre el estado de ánimo, que suele regresar a su nivel habitual, como muy tarde, al año de un fallecimiento en la familia, de un premio en la lotería o de un salto profesional.
•      Tener cubiertas las necesidades básicas. Pero no más allá del grado de independencia económica habitual en la clase media. De hecho, los cien nuevos multimillonarios que aparecen anualmente en la lista que publica la revista Forbes, admiten un incremento casi insignificante de su bienestar cuando aumentó su cuenta corriente. Incluso el 37% de ellos cree ser más desgraciado que la media de la población.
•      Relacionarse con los demás. Numerosos estudios han demostrado que la gente que necesita de otra gente es en realidad la más feliz, y es también la que menos probabilidades tiene de sufrir una depresión. Los expertos reunidos en el X Congreso Mundial de Psiquiatría celebrado en Madrid, concluyeron que el aislamiento al que tiende la sociedad actual es uno de los factores que van minando poco a poco el estado de ánimo.
•   Sentirse cómodo en el trabajo. "Las personas que trabajan en profesiones creativas que permiten aportaciones personales para conseguir objetivos son, en general, mucho más positivas", afirma César Díaz-Carrera. "Lograr los retos que nos planteamos en el trabajo es una forma constante de superación", añade "y la superación es una de las bases del optimismo". Por este motivo, se aconseja plantearse retos en todos los niveles de la vida.
  La autoestima. "Todos somos lo que creemos ser", afirma Andrew Matthews en su libro ‘Por favor, sea feliz’. Nuestra propia imagen determina exactamente cómo nos comportamos. "Si nos aborrecemos, también aborreceremos a los demás; cuando nos encanta ser quienes  somos, todo el  mundo nos resulta maravilloso", añade Matthews. Un estudio de la Universidad de Michigan comprobó que el primer valor que consideraban los norteamericanos para ser felices, era quererse a sí mismos.
•    Tener autocontrol. Séneca escribió: "El más poderoso es aquél que tiene poder sobre sí mismo".  El  psicólogo  de  la  Universidad  de Stanford Albert Bandura dedicó años a estudiar la eficacia personal, es decir, la autoconfianza en producir los efectos que se desean. Dedujo que a las personas que creían que conseguían las cosas por su propio esfuerzo apenas les afectaban las predicciones negativas de los demás.
•      Seguir una dieta equilibrada. Según un estudio elaborado por el Instituto Nacional de Alcoholismo de Bethesda, en Estados Unidos, llevar una dieta escasa en ácidos grasos poli insaturados –presentes en casi todos los pescados azules, como sardinas, boquerones, atún o salmón– puede bajar el estado de ánimo. Sin embargo, no es aconsejable abusar de las grasas vegetales, que se encuentran por ejemplo en las espinacas, el arroz, el vino y la cerveza, por su alto contenido en vanadio, cuyo exceso provoca leves depresiones. Tampoco conviene mezclar proteínas indiscriminadamente, ya que producen digestiones pesadas que, a la larga, conducen hasta las úlceras, una de las afecciones que peor humor genera.
•       Sonreír. Hace más de cien años, el neurólogo  francés  Guilliane  Duchenne  de Boulogne comenzó a estudiar qué es lo que se escondía detrás de una sonrisa. Hoy se sabe que puede resultar contagiosa y mejorar todavía más un buen estado de ánimo. Por ello, los investigadores sobre el humor recomiendan este sencillo ejercicio cuando se pasen momentos difíciles: mirarse al espejo y sonreír. Esta expresión facial genera la emoción correspondiente, de forma que si vemos el reflejo de una sonrisa, comenzaremos a sentirnos mejor.




- EL BUEN HUMOR "COLOCA"
Pero las neuronas también tienen mucho que ver con el humor. Cada neurona tiene una especie de larga prolongación a la que se denomina axón, en cuyo término se encuentran una diminutas vesículas, que contienen unas sustancias neurotransmisoras que se liberan cuando reciben un estímulo nervioso. La dopamina, uno de estos neurotransmisores, regula  los centros  de gratificación del cerebro y, con ello, emociones tales como el miedo, la euforia o la depresión. Un estudio realizado en la universidad estadounidense de  Cornell  dedujo  que  el  nivel  de  dopamina aumenta en función del ánimo de las personas: 
a mejor carácter , más dopamina. Otro neurotransmisor, la noradrenalina, circula por el tronco cerebral y se encarga de hacernos más despiertos; el deporte y ciertas drogas como la cocaína aumentan su producción. Por último, la serotonina, que nos hace ser activos y conscientes, juega un papel clave como administradora química de sentimientos y es la responsable de que en ocasiones creamos estar en el séptimo cielo.
HAY  UNAS  MÁXIMAS  QUE  PARECE  QUE  NOS GUSTA CUMPLIR PARA AMARGARNOS LA VIDA
1.    CRÉATE PROBLEMAS. Si no tienes bastante con los tuyos, asume los de los demás. Ejerce de confesor en prácticas, pero no te engañes: esto es sólo una forma de huir de la realidad y de ti mismo. Llena tu vida de complicaciones reales o ficticias, y procura dar mucha importancia a los sucesos negativos.
2.    TÚ TIENES LA RAZÓN. Amargarse la vida a propósito es un arte que se aprende. Para hacerlo piensa que todo es blanco o negro y que sólo existe una verdad absoluta: la tuya. Rechaza  por  norma  lo  que  te  digan  los demás, incluso cuando te pueda aportar algo positivo.
3.    VIVA LA OBSESIÓN. Escoge algo que se te haya quedado marcado, y repítelo en tu mente una y otra vez, hasta que sólo vivas para pensar en eso. Es genial para esconder la cabeza ante las dificultades diarias.
4.     PIENSA SÓLO  EN  EL  FUTURO.  Aplaza   los placeres y la alegría pensando que en el futuro todo irá mejor. Por supuesto, hasta ese momento no deberás disfrutar en absoluto. Confórmate con lo malo conocido y no pruebes lo bueno por conocer. Tortúrate pensando en todo lo malo que te podría ocurrir dentro de unos años.
5.  NUNCA TE PERDONES. Si es difícil perdonar a los demás, perdonarse a uno mismo es mucho más complicado, así que no te esfuerces en conseguirlo. Llegarás a un punto en el que tan sólo sentirás autocompasión. Piensa que tú eres el único responsable de lo que te ocurre, y jamás creas que hay situaciones que escapan a tu control.

sábado, 28 de noviembre de 2015

NADIE PUEDE HACERTE DAÑO.

NADIE PUEDE HACERTE DAÑO

MANUAL DE VIDA
Epicteto (35 d.C - 135 d.C.)

Saber lo que puedes controlar y lo que no

La felicidad y la libertad comienzan con la clara comprensión de un principio: algunas cosas están bajo nuestro control y otras noSólo tras haber hecho frente a esta regla fundamental y haber aprendido a distinguir entre lo que podemos controlar y lo que no, serán posibles la tranquilidad interior y la eficacia exterior.
Bajo control están las opiniones, las aspiraciones, los deseos y las cosas que nos repelen. Estas áreas constituyen con bastante exactitud nuestra preocupación, porque están directamente sujetas a nuestra influencia.
Siempre tenemos la posibilidad de elegir los contenidos y el carácter de nuestra vida interior.Fuera de control, sin embargo, hay cosas como el tipo de cuerpo que tenemos, el haber nacido en la riqueza o el tener que hacernos ricos, la forma en que nos ven los demás y nuestra posición en la sociedad. Debemos recordar que estas cosas son externas y por ende no constituyen nuestra preocupación. Intentar controlar o cambiar lo que no podemos tiene como único resultado el tormento.
Recordemos: las cosas sobre las que tenemos poder están naturalmente a nuestra disposición, libres de toda restricción o impedimento; pero las cosas que nuestro poder no alcanza son debilidades, dependencias, o vienen determinadas por el capricho y las acciones de los demás. Recordemos, también, que si pensamos que podemos llevar las riendas de cosas que por naturaleza escapan a nuestro control, o si intentamos adoptar los asuntos de otros como propios, nuestros esfuerzos se verán desbaratados y nos convertiremos en personas frustradas, ansiosas y criticonas.

Ocúpate de tus propios asuntos

Presta atención únicamente a tus verdaderas preocupaciones y da por sentado que lo que pertenece a los demás es asunto suyo y no tuyo. Si obras así, serás impermeable a la coacción y nadie te podrá retener.
Serás auténticamente libre y eficaz, pues darás buen uso a tus esfuerzos en lugar de malgastarlos criticando u oponiéndote a los demás. Si conoces y prestas atención a tus verdaderas preocupaciones, nada ni nadie te hará actuar contra tu voluntad; los demás no podrán herirte, no ganarás enemigos ni padecerás ningún mal. Si tienes el propósito de vivir siguiendo estos principios, recuerda que no será fácil: deberás renunciar por completo a algunas cosas y posponer otras por ahora. Es probable que debas privarte de la riqueza y el poder si quieres asegurarte de alcanzar la felicidad y la libertad.

Reconoce las meras apariencias

A partir de ahora debes ejercitarte en decirle a cualquier cosa desagradable: «Eres sólo una apariencia y en modo alguno lo que aparentas ser». Entonces considera concienzudamente el asunto en cuestión de acuerdo con los principios que acabamos de mencionar. En primer lugar, ¿atañe esta apariencia a las cosas que están bajo mi control o a las que no? Si atañe a cualquier cosa que esté fuera de tu control, aprende a no preocuparte por ella.

El deseo reclama ser satisfecho

 Nuestros deseos y aversiones son soberanos veleidosos que reclaman satisfacción. El deseo nos ordena correr y coger lo que queremos. La aversión insiste en que evitemos las cosas que nos repelen. Es bastante común que nos decepcionemos cuando no conseguimos lo que queremos y que nos aflijamos cuando logramos lo que no queremos. En cambio, si evitas sólo las cosas indeseables que son contrarias a tu bienestar natural y que están bajo tu control, nunca te verás envuelto en algo que no quieras realmente. No obstante, si tratas de evitar fatalidad es como la enfermedad, la muerte o el infortunio, sobre los cuales no tienes un control real, sufriréis tú y quienes te rodean. El deseo y la aversión, aunque poderosos, no son más que hábitos. Y podemos ejercitarnos en tener mejores hábitos. Restringe el hábito de verte rechazado por todas esas cosas que escapan a tu control y céntrate, en cambio, en las cosas nocivas que sí puedes combatir. Haz todo lo que esté en tu mano para refrenar el deseo. Pues si deseas algo que escapa a tu control, seguramente acabarás decepcionado; mientras, estarás descuidando las cosas que están bajo tu control y que son merecedoras de deseo. Por supuesto, hay ocasiones en las que por razones prácticas debemos ir tras unas cosas y regir otras, pero debemos hacerlo con elegancia, discernimiento y flexibilidad.

Veamos las cosas tal como son en verdad

Las circunstancias no se presentan para satisfacer nuestras expectativas. Las cosas suceden por sí mismas.
La gente se comporta tal como es. Aprovecha lo que realmente obtienes. Abre los ojos: tienes que ver las cosas tal como son y así te ahorrarás el dolor de los falsos vínculos y de la decepción evitable. Piensa en lo que te deleita, las herramientas con las que cuentas, las personas a quienes quieres. Pero recuerda que tienen su propio carácter específico, el cual poco o nada tiene que ver con la forma que tenemos de verlo. A modo de ejercicio, piensa en la cosa más insignificante a la que te sientas vinculado. Pongamos, por ejemplo, que tienes una copa favorita. Al fin y al cabo, no es más que una copa, de ahí que si se rompe puedas soportarlo. A continuación toma una cosa o una persona para con quien tus sentimientos y pensamientos de apego sean más intensos. Recuerda, por ejemplo, cuando abraces a tu hijo, a tu marido, a tu esposa, que estás abrazando a un mortal. Así, si uno de ellos muriera, podrías soportarlo con entereza. Cuando algo acontece, lo único que está en tu mano es la actitud que tomas al respecto; tanto puedes aceptarlo como tomarlo a mal. Lo que en verdad nos espanta y desalienta no son los acontecimientos exteriores por sí mismos, sino la manera en que pensamos acerca de ellos. No son las cosas lo que nos trastorna, sino nuestra interpretación de su significado.
¡Deja de asustarte a ti mismo con ideas impetuosas, con tus impresiones sobre el modo en que las cosas son! Las cosas y las personas no son lo que deseamos que sean ni lo que parecen ser. Son lo que son.

Armoniza tus actos con la vida tal como realmente es

No intentes establecer tus propias normas. Compórtate siempre, en todos los asuntos, grandes y públicos o pequeños y privados, de acuerdo con las leyes de la naturaleza. La armonía entre tu voluntad y la naturaleza debería ser tu ideal supremo. ¿Dónde practicar este ideal? En los pormenores de la vida cotidiana, en las tareas y deberes personales. Cuando lleves a cabo una tarea, como darte un baño, hazlo tan bien como puedas, en armonía con la naturaleza. Cuando comas, hazlo tan bien como puedas, en armonía con la naturaleza, y así sucesivamente. No se trata tanto de qué estás haciendo como de cómo lo estás haciendo. Mientras comprendamos correctamente este principio y vivamos con arreglo al mismo, aunque surjan dificultades (pues también forman parte del orden divino), la paz interior seguirá siendo posible.

Los acontecimientos no nos hacen daño, pero nuestra visión de los mismos nos lo puede hacer

Las cosas, por sí mismas, no nos hacen daño ni nos ponen trabas. Tampoco las demás personas. La forma en que veamos las cosas es otro asunto. Son nuestras actitudes y reacciones las que nos causan problemas. Por consiguiente, ni siquiera la muerte tiene gran importancia por sí misma. Es nuestro concepto de la muerte, nuestra idea, lo que es terrible, lo que nos aterroriza. Hay formas muy distintas de pensar sobre la muerte. Examina a fondo tus conceptos sobre la muerte y sobre todo lo demás. ¿Son realmente ciertos?¿Te hacen algún bien? No temas a la muerte y al dolor; teme al temor a la muerte y al dolor. No podemos elegir nuestras circunstancias externas, pero siempre podemos elegir la forma de reaccionar ante ellas.

Ni vergüenza, ni culpa

Si lo que sentimos acerca de las cosas es lo que nos atormenta, más que las cosas en sí mismas, resulta absurdo culpar a los demás. Por consiguiente, cuando sufrimos un revés, una molestia o una aflicción, no les echemos la culpa a los demás, sino a nuestra propia actitud. La gente mezquina suele reprochar a los demás su propio infortunio. La mayoría de la gente se lo reprocha a sí misma. Quienes se consagran a una vida de sabiduría comprenden que el impulso de culpar a algo o a alguien es una necedad, que nada se gana con culpar, ya sea a los demás o a uno mismo. Uno de los signos que anuncian el alborear del progreso moral es la gradual extinción de la culpa. Vemos la futilidad de la acusación. Cuanto más examinamos nuestras actitudes y trabajamos sobre nosotros mismos, menos susceptibles somos de ser barridos por reacciones emocionales tormentosas en las que buscamos explicaciones fáciles a sucesos espontáneos. Las cosas son sencillamente lo que son. Los demás que piensen lo que quieran; no es asunto nuestro. Ni vergüenza, ni culpa.

Crea tu propio mérito

 No dependas nunca de la admiración de los demás. No tiene ningún valor. El mérito personal no puede proceder de una fuente externa. No lo encontrarás en las relaciones personales, ni en la estima de los demás. Es cosa probada que las personas, incluso quienes te quieren, no estarán necesariamente de acuerdo con tus ideas, no te comprenderán ni compartirán tu entusiasmo. ¡Madura! ¡A quién le importa lo que los demás piensen de ti! Crea tu propio mérito. El mérito personal no puede alcanzarse mediante la relación con personas de gran excelencia. Te ha sido encomendada una labor que debes llevar a cabo. Ponte manos a la obra, hazlo lo mejor que puedas y prescinde de quien pueda estar vigilándote. Lleva a cabo un trabajo útil manteniéndote indiferente al honor y a la admiración que tus esfuerzos puedan suscitar en los demás. El mérito ajeno no existe. Los triunfos y excelencias de los otros sólo a ellos pertenecen. Asimismo, tus posesiones pueden ser excelentes, pero tu persona no adquirirá excelencia a través de ellas. Piénsalo:  ¿qué es realmente tuyo? El uso que haces de las ideas, recursos y oportunidades que se te presentan. ¿Tienes libros? Léelos. Aprende de ellos. Aplica su sabiduría. ¿Tienes conocimientos especializados? Empléalos a fondo y a buen n. ¿Tienes herramientas?Sácalas de la caja y construye o repara cosas. ¿Tienes una buena idea? Profundiza en ella y llévala a cabo. Saca el mayor provecho de lo que tienes, de lo que es realmente tuyo.Puedes estar razonablemente a gusto y contento contigo mismo si armonizas tus actos con la naturaleza mediante el reconocimiento de lo que es en verdad tuyo.

La buena vida es la vida de la serenidad interior

El signo más claro de una vida superior es la serenidad. El progreso moral tiene como resultado liberarse de la confusión interior. Puedes dejar de preocuparte por esto y aquello. Si buscas una vida superior, abstente de emplear pautas de pensamiento habituales como éstas: «Si no trabajo más duramente, nunca me ganaré bien la vida, nadie me tomará en consideración, seré un don nadie» o«si no critico a mi jefe, se aprovechará de mi buena voluntad».Es mucho mejor morir de hambre libre de pesares y temores, que vivir en la abundancia acosado por la preocupación, el pavor, el recelo y el deseo desenfrenado. Emprende en seguida un programa de autodominio. Pero empieza con modestia, por esas pequeñas cosas que te molestan. ¿Tu hijo ha derramado algo? ¿No encuentras la cartera? Debes decirte a ti mismo: «Hacer frente con calma a este inconveniente es el precio que pago por mi serenidad interior, por verme libre de toda perturbación; nadie consigue algo a cambio de nada».Cuando llamas a tu hijo, debes estar preparado para que no te responda, y si lo hace, tal vez no haga lo que le pides. En tal caso, tu inquietud en nada le ayuda. Tu hijo no debería tener la facultad de causarte ningún trastorno.
No prestes ninguna atención a las cosas que no te atañen

El progreso espiritual nos exige hacer hincapié en lo esencial y hacer caso omiso de todo lo demás, ya que sólo se trata de trivialidades que no merecen nuestra atención. Además, en verdad es bueno que nos consideren estúpidos e ingenuos en relación con los asuntos que no nos atañen. No te preocupes por la impresión que causes en los demás. Estándeslumbrados y engañados por las apariencias. Sé fiel a tu objetivo. Sólo así reforzarás tu voluntad y darás coherencia a tu vida. Abstente de intentar granjearte la aprobación y la admiración de los demás. Tu camino va más arriba. No anheles que te consideren sofisticado, único o sabio. De hecho, debes recelar cuando los demás te vean como alguien especial. Ponte en guardia contra la presunción y la vanidad. Mantener la voluntad en armonía con la verdad y preocuparse de lo que escapa al propio control son acciones que se excluyen mutuamente. Cuando estés
absorto en una, descuidarás la otra.

Conforma tus deseos y expectativas a la realidad

Para bien o para mal, la vida y la naturaleza se rigen por leyes que no podemos cambiar. Cuanto antes lo aceptemos, más tranquilos estaremos. Serías un necio si desearas que tus hijos o tu esposa vivieran para siempre. Son mortales, igual que tú, y la ley de la mortalidad está completamente fuera de tu alcance. De modo semejante, es estúpido desear que un patrono, un pariente o un amigo no tengan tacha. Ello supondría controlar cosas que en verdad no podemos controlar. Bajo nuestro control está que no nos decepcione el deseo si nos ocupamos del mismo de acuerdo con los hechos, en lugar de dejarnos llevar por él. En el fondo estamos controlados por aquello que otorga o suprímelo que buscamos o evitamos. Si lo que buscas es la libertad, no desees ni rehúyas nada que dependa de los demás, o siempre serás un esclavo desvalido. Comprende en qué consiste realmente la libertad y cómo se alcanza. La libertad no es el derecho o la capacidad de hacer lo que te venga en gana. La libertad viene de comprender los límites de tu propio poder y los límites naturales establecidos por la divina providencia. Al aceptar las limitaciones y las inevitabilidades de la vida y trabajar con ellas en lugar de combatirlas, nos hacemos libres. Si, por el contrario, sucumbimos ante el deseo pasajero por cosas que escapan a nuestro control, perdemos la libertad ha robado tus pertenencias. ¿Pero por qué debería preocuparte quién devuelve tus cosas al mundo que telas dio? Lo importante es ser muy cuidadoso con las cosas que tienes mientras el mundo te permite tenerlas, tal como un viajero cuida de su habitación en una posada.
La buena vida es la vida de la serenidad interior

El signo más claro de una vida superior es la serenidad. El progreso moral tiene como resultado liberarse de la confusión interior. Puedes dejar de preocuparte por esto y aquello. Si buscas una vida superior, abstente de emplear pautas de pensamiento habituales como éstas: «Si no trabajo más duramente, nunca me ganaré bien la vida, nadie me tomará en consideración, seré un don nadie» o«si no critico a mi jefe, se aprovechará de mi buena voluntad».Es mucho mejor morir de hambre libre de pesares y temores que vivir en la abundancia acosado por la preocupación, el pavor, el recelo y el deseo desenfrenado. Emprende en seguida un programa de autodominio. Pero empieza con modestia, por esas pequeñas cosas que te molestan. ¿Tu hijo ha derramado algo? ¿No encuentras la cartera? Debes decirte a ti mismo: «Hacer frente con calma a este inconveniente es el precio que pago por mi serenidad interior, por verme libre de toda perturbación; nadie consigue algo a cambio de nada».Cuando llamas a tu hijo, debes estar preparado para que no te responda, y si lo hace, tal vez no haga lo que le pides. En tal caso, tu inquietud en nada le ayuda. Tu hijo no debería tener la facultad de causarte ningún trastorno.

Céntrate en tu deber principal

Hay un momento y un lugar para la diversión y el entretenimiento, pero no deberías permitir nunca que éstos pasaran por encima de tus auténticos propósitos. Si vas de viaje y el barco echa el ancla en un puerto, puedes bajar a tierra en busca de conchas o plantas. Pero ten cuidado; estate atento a la llamada del capitán. Presta atención al barco. Distraerse con fruslerías es la cosa más fácil del mundo. En cuanto el capitán llame a bordo, debes estar listo para abandonar dichas distracciones y acudir prontamente, sin siquiera volver la vista atrás. Si eres anciano, no te alejes demasiado del barco o tal vez no consigas presentarte a tiempo cuando te llamen.

Acepta con calma los acontecimientos tal como ocurren

 No exijas que los acontecimientos sucedan como deseas. Acéptalos tal como son realmente. Así te será posible la paz.

Tu voluntad está siempre bajo tu poder

En verdad nada te detiene. Nada te retiene realmente, puesto que tu voluntad está siempre bajo tu control.
La enfermedad puede desear a tu cuerpo. ¿Pero acaso eres sólo cuerpo? La cojera puede afectarte las piernas. Pero no eres sólo piernas. Tu voluntad es mayor que tus piernas. Tu voluntad no tiene por qué verse afectada por ningún incidente, a no ser que tú lo permitas. Recuérdalo cada vez que te ocurra algo.

Utiliza plenamente lo que te sucede

Cada dificultad con la que tropezamos en la vida nos ofrece la oportunidad de volvernos hacia dentro e invocar a nuestros recursos íntimos. Las pruebas que soportamos pueden y deben darnos a conocer nuestra fuerza. La gente prudente mira más allá del incidente e intenta crearse el hábito de sacarle provecho. Con ocasión de un suceso accidental, no debes limitarte a reaccionar a la buena de Dios: recuerda que debes volverte hacia dentro y preguntarte con qué recursos cuentas para hacerle frente. Profundiza. Posees fuerzas que a lo mejor aún no conoces. Encuentra la más apropiada. Utilízala. Si tropiezas con una persona atractiva, el dominio de ti mismo será el recurso necesario; ante el dolor o la debilidad, el aguante; ante los insultos, la paciencia. A medida que pase el tiempo y vayas consolidando el hábito de emparejar el recurso íntimo más apropiado a cada incidente, dejarás de tender a dejarte llevar por las apariencias de la vida. Dejarás de sentirte abrumado con tanta frecuencia.

Ocúpate de lo que tienes, no hay nada que perder

En verdad nada nos puede ser arrebatado. No hay nada que perder. La paz interior comienza cuando dejamos de decir, a propósito de las cosas, «lo he perdido», y en su lugar decimos «ha regresado al lugar de donde vino».¿Ha muerto tu hijo? Él o ella ha regresado al lugar de donde vino. ¿Tu marido o tu esposa han muerto? Él o ella ha regresado al lugar de donde vino. ¿Te han arrebatado posesiones y propiedades? Éstas también han regresado al lugar del que vinieron. 

La felicidad sólo puede hallarse en el interior

La libertad es la única meta que merece la pena en la vida. Se consigue prescindiendo de las cosas que escapan a nuestro control. No podemos tener un corazón alegre si nuestras mentes son un afligido caldero de temor y ambición. ¿Quieres ser invencible? Entonces no entables combate con aquello sobre lo que no tienes un control real. La felicidad depende de tres cosas, y las tres están bajo tu poder: la voluntad, las ideas respecto a los acontecimientos en los que estás envuelto y el uso que hagas de esas ideas. La auténtica felicidad siempre es independiente de las circunstancias externas. Practica la indiferencia para con las circunstancias externas. La felicidad sólo puede hallarse dentro. Con cuánta facilidad nos deslumbran y nos engañan la elocuencia, los cargos, los títulos, los honores, las posesiones, la ropa cara o un porte afable. No cometas el error de dar por sentado que las celebridades, los personajes públicos, los líderes políticos, los ricos o quienes poseen grandes dotes intelectuales o artísticas son necesariamente felices. Hacerlo es dejarse desconcertar por las apariencias y sólo hará que dudes de ti mismo. Recuerda: la esencia real de la bondad sólo se halla entre las cosas que están bajo tu control. Si no olvidas esta premisa, no te encontrarás en falso sintiendo envidia o desolación, comparando lamentablemente tus logros con los de los demás. Deja de aspirar a ser otro que tú mismo, pues esto está bajo tu control.

Nadie puede hacerte daño

La gente no tiene la facultad de hacerte daño. Incluso si te denigran a voz en grito o te golpean, si te insultan, tuya es la decisión de considerar si lo que está ocurriendo es insultante o no. Cuando alguien te irrita, lo único que te está irritando es tu propia respuesta. Por consiguiente, cuando te parezca que alguien te está provocando, recuerda que lo único que te provoca es tu propio juicio del incidente. No permitas que tus emociones se enciendan ante meras apariencias. Intenta no limitarte a reaccionar al instante. Toma distancia de la situación a fin de tener una perspectiva más amplia. Sosiégate.